sábado, 15 de enero de 2011

DE QUIÉN ES EL PENACHO DE MOCTEZUMA ?



Número 12 mayo-junio 1997
DE QUIÉN ES EL PENACHO DE MOCTEZUMA ?
http://swadesh.unam.mx/actualidades/Actualidades/12/texto12/penacho.html
Carmen Cook de Leonard






Se ha estado anunciando que el gobierno de Austria ha concedido mandar a México el llamado "Penacho de Moctezuma", presionado por un grupo de concheros mexicanos. Sin embargo, es necesario conocer la historia de esta obra de arte única y universal, y la falsa postura que estaría tomando México al solicitar oficialmente este envio.



Este penacho no fue "robado" a México, palabra despectiva que ya se ha usado hasta en televisión, pues es parte del envio de 158 piezas de variable valor, que mandó Moctezuma como regalo, como era cos-tumbre en aquel entonces, a Cortés como importante visitante. De estas piezas el objeto más valioso para los españoles no fue el penacho, sino tres discos metálicos, representando al Sol, la Luna y Venus, el primero de oro puro y de dos metros de diámetro, pesando 17 kilos, que fue en número 1 del documento preparado como inventario por dos notarios en la Villa Rica de la Vera Cruz, el 5 de no-viembre de 1519, en duplicado, una copia para la reina y la otra para Carlos V. La primera se encuentra en Sevilla y la otra en la Biblioteca Nacional de Viena con el número: Ser. Nova 1600 (hist. prof. 1200, olim. W 5279). Fue enviada la lista anexa a la Primera Carta de Cortés al rey.

Brevemente, la trayectoria de la colección, desde 1519, fue la siguiente:

Estuvo la colección en exhibición en Bruselas, donde la pudieron ver destacados personajes de la época, entre ellos Durero, que dejó en sus memorias su expresión de admiración en exaltadas palabras. En 1563 pasó a manos de Fernando, conde de Tirol, hijo de Fernando I y sobrino de Carlos V, al recibir el palacio de Ambras, en donde se colocó en su gabinete de arte la colección mexicana. Después de la muerte del conde, en 1595, se levantó nuevo inventario, pero en los siguientes siglos hubo varios movimientos de la colección, forzados por guerras, para terminar finalmente en Viena en 1817. Descansó en las bodegas hasta que fue redescubierto el penacho en 1878. Reconociéndose su valor artístico, se tomó la decisión de hacer su reparación, pues en los viajes había sufrido desperfectos; el peor era el desperfecto de las plumas por la polilla, aflojadas las cuerdas del respaldo y perdidos la mayor parte de los discos de oro y otros ornamentos del mismo metal. La reparación se hizo lo mejor que se pudo, con los materiales disponibles. Las plumas usadas en el original, que son Pharomacras mocinno La Llave, Cotinga amabilidad Gould, Piaya cayana I y Ajajá I, no pudieron reponerse con los mismos pájaros mexicanos, con excepción del quetzal, que se importaba en el siglo pasado para los sombreros de las damas. Las plumas de la cotinga, se sustituyeron por un pájaro ártico de Siberia, pero sobreponiendo todo el pellejo del pájaro a las deterioradas plumas que quedaban, muy en contra de la técnica de la plumaria, que coloca plumita por plumita. Las otras dos plumas, del flamenco y del cucú, fueron repuestas por otras europeas, lo más similares posible. Las piezas de oro caídas que es como 50 por ciento, fueron repuestas por discos de bronce dorado, que des-tacan por su color de las auténticas de oro.
La descripción del penacho en el inventario de 1519, es como sigue:


N 12: Yten mas una pieza grande de plumajes de colores que se ponen en la caveza en que ay a la redonda della sesenta y ocho pizas pequeñas de oro que sera cada una como medio cuarta y debxo dellas veynte torrecitas de oro.

La cantidad de 68 discos de oro identifica sin lugar a duda el penacho como el mismo que ahora se encuentra en el Museo de Viena.

Resumiendo:

1.- El penacho nunca lo usó Moctezuma.
2.- Es una de las 158 piezas como regalo de Moctezuma a Cortés, que a su vez las envió al rey de España, por lo que no fue robado.
3.- El penacho se ha conservado por los amantes del arte a través de casi cinco siglos, con el cariño que merece, a pesar de guerras y por lo menos diez cambios de lugar.
4.- Se encuentra en un lugar privilegiado en el Museo de Viena, en que puede ser admirado por visitantes, mostrando la grandeza de nuestro pasado e invitando a que nos conozcan mejor. Es uno de nuestros mejores embajadores.
5.- Por los estragos del tiempo y las reposiciones de materiales nuevos, ya el penacho tiene poco del original. Las cuerdas del respaldo están flojas y algunas plumas sueltas; las pieles para su sostén están duras y quebradizas.
6.- Tenemos en México una copia fidedigna, al tamaño, del original, hecha en 1958 por órdenes del licenciado Raúl Noriega, entonces oficial mayor de la Secretaría de Hacienda, con plumas auténticas, colocadas con la técnica de la plumaria, las piezas de oro copiadas con oro fino mexicano, custodiado por el Museo Nacional de Historia en Chapultepec.
7.- Por nuestra dignidad como nación y por el buen nombre de México, mostremos nuestro sentido de justicia y nuestra cultura, reconociendo como propietaria del penacho a la nación de Austria.

Ultimamente se ha hecho muy popular por individuos y por grupos, destacarse y hacer pasar por grandes patriotas, solicitando el regreso de piezas de origen mexicano que se encuentran en el extranjero. Como lo estamos viendo, no todas tienen el mismo origen. Debe tomarse muy en cuenta la historia de cómo llegó a su destino extranjero el objeto. Si un mexicano la vendió, siendo el legítimo propietario, o si por contrato oficial de excavación o intercambio, se concedió a una universidad o museo extranjero el objeto, debe considerarse legítimo propietario. Sin embargo, si investigamos un poco, podemos encontrar muchos objetos arqueológicos que salieron clandestinamente del país, que por justicia deben volver a México. Así, pues, cada caso debe estudiarse y ponderarse antes de provocar malentendidos y manchar el buen nombre de México.


*Excélsior, 24 de febrero, 1988,
No. 25826. Sección Cultural, p. 1.

lunes, 3 de enero de 2011

SE DESMIENTE VINCULACIÓN DE EL EZLN Y LA OTRA CAMPAÑA CON CUALQUIER SECUESTRO

El día 1 de enero del 2011 comenzó a circular en algunos diarios nacionales y extranjeros, a partir de la agencia de prensa española EFE, una nota en la cual se dice que “un fiel integrante de las fuerzas insurgentes del EZLN” atribuía, mediante un comunicado, el secuestro de Diego Fernández de Cevallos al EZLN. En la confusa nota difundida por la agencia española se acusa también a distintos colectivos de La Otra Campaña de ser copartícipes de dicho secuestro, así como se refieren a varias páginas electrónicas y comunicados antiguos, de libre circulación, a disposición de cualquiera en la red, como sitios en donde buscar las pruebas para dicha acusación contra los zapatistas.



Pues bien, al correo de nuestra página llegó también completo, el “comunicado”, tal y cual llegó a los diferentes medios que hicieron y publicaron con él su nota. Bastaría con que pusieran el escrito que les llegó completo para que cualquier lector viera que es imposible que tenga un origen relacionado con el EZLN. Vamos, es incoherente a todo lo largo de su redacción, es claro que quien lo hizo no hace sino buscar protagonismo, generar confusión y servir a los intereses del poder.



La otra campaña es un movimiento político, civil y pacífico. Así ha sido desde su convocatoria y así se ha movido y actuado a lo largo de estos años. No recurre por lo tanto a secuestros para obtener recursos ni para hacer propaganda política.



Asimismo, es para todos sabido, que el EZLN, y su historia y práctica durante 27 años, desde sus inicios hasta hoy día, lo demuestran, no realiza secuestros, esto va en contra de sus principios. Por lo mismo, el EZLN no ha desarrollado ni la estructura organizativa ni la infraestructura material para este tipo de acciones. Desde el año de1994 en que los zapatistas decretaron el cese al fuego ofensivo, para darle una oportunidad a la construcción de la paz justa y digna, ha cumplido su palabra, no así el Estado mexicano que los ha agredido política, económica, militarmente desde el 1 de enero del 94 hasta nuestros días.



Por todo esto es claro, y reiteramos una vez más, que ni el EZLN ni la Otra Campaña realizan secuestros. Ni el EZLN ni La Otra Campaña secuestraron a Diego Fernández de Cevallos.



Si alguien tiene simpatía o considera que políticamente es correcto practicar el secuestro, no tiene lugar en la Otra Campaña. El “guerrero Balam” como se autonombra quien mandó el comunicado al que nos hemos referido ya tuvo sus 15 minutos de fama, algunos medios retomaron fragmentos de su escrito y lo pusieron en sus primera páginas. Puede disfrutarlos. Mientras, las comunidades indígenas zapatistas sufrirán una nueva escalada de agresiones como resultado de este tipo de ocurrencias oportunistas y policiacas. Este es el verdadero peligro compañeras y compañeros, estemos pendientes ante esta nueva provocación contra los compañeros zapatistas.



Por Enlace zapatista, Javier Elorriaga, Sergio Rodríguez Lascano.

México, a 2 de enero del 2011.


miércoles, 12 de agosto de 2009

LOS TEXTOS AQUÍ PUBLICADOS HAN APARECIDO EN EL BOLETÍN "VOZ DE LA UNIDAD" DE LA DELEGACIÓN DEL SNTE DE LA DGEST EN LOS MESES QUE CORRESPONDEN EN ESTE BLOG

viernes, 15 de mayo de 2009

La influencia de la Influenza



“A lo que más le temo, es al miedo”

Michel de Montaigne



Ya había existido la influenza española, luego el SIDA y el ébola en el continente africano, después las vacas locas en el mundo anglo-sajón, luego la gripe aviar en el mundo asiático, también ha habido las influencias de los efectos vodka, tequila, tango y dragón. También tuvimos al chupacabras, los tsunamis, el niño. Pareciera que hubiera modas catastróficas.



Ahora nos tocaba (y lo que nos faltaba, como están las cosas en el mundo) esto de la Influenza porcina: que si era, que si no lo era, que ya no es porcina, que ya es humana. Que si es ataque de bioterrorismo externo, que si es descuido de las autoridades sanitarias locales correspondientes.



Que si es un invento de los medios, que si esto es político, que alguien necesariamente sacará raja de todo esto. Que si los banqueros, que si los malvados gringos o los chinos. Que si hay más muertos, que si hay menos muertos. Que no nos los han presentado, que los esconden. Que ya es pandemia, que la OMS no puede estar equivocada, y con ella los gobiernos de los países y sus jilgueros, los medios de comunicación masiva. La historia del uso y abuso de este tipo de sucesos, nos ha mostrado la manera en que la clase política y financiera sacan tan buena tajada de estos pasteles: llámense epidemias, guerras, crisis monetarias, catástrofes naturales, hambrunas, incluso los imaginarios extraterrestres.



Que si debe traer el tapabocas, que de cuál; que si no importa ahogarse aunque sea con sus propios miasmas, pero no de gripa. Que no debe hacerse bolas la población, que cuántos por metro cuadrado deben convivir como máximo; que no los bese, ni los abrace y a qué distancia debe usted platicar con alguien. Que si las parejas podían dedicarse a la sana actividad del intento de reproducción de la especie humana y no morir en el intento por el contagio. Que si debe comer carne de cerdo, que si no importa, siempre y cuando no haya tenido contacto corporal muy cercano con el animal (un cerdo), o sea, abrazarlo, besarlo o vaya usted a saber que otra malintencionada acción. Que si sigue latente, que si ya hay remedio, vacuna o pócima que la prevenga o cure. Y un largo et-cétera



Mientras estos estira y afloja, dimes y diretes se sucedían; la población estaba que se moría, pero de miedo. Lo más más interesante y curioso para la observación sociológica, es la manera, tan sencilla que se puede inculcar, inducir el miedo, y además la manera, aún más sencilla y tan simple en que las personas caemos en él, por demás, nos entregamos al miedo. Por supuesto que aquí tienen sus papeles protagónicos, la incertidumbre, la superstición, y por qué no decirlo, la ignorancia. Es como en la religión: para los feligreses es más fácil y cómodo escuchar a los ministros, curas y pastores, que sacar sus propias conclusiones y sus juicios a partir de la lectura directa de la sagrada escritura. Lo mismo en este caso, quién rayos se va a poner a enterarse seriamente sobre epidemiología, o de historia de las epidemias, o sobre cómo los sistemas financieros se benefician con esto. Es más fácil y cómodo escuchar los medios autorizados, que ya han seleccionado, filtrado y acomodado (y ocultado también) la información a conveniencia de la situación. Y claro, entregarse redondamente (diría mi abuelo materno) al miedo, al temor, a la zozobra, con algo que evidentemente pone en peligro una supuesta “estabilidad” de nuestras vidas.



Nos entregamos al llamado miedo político, el temor de la gente a que su bienestar colectivo resulte perjudicado; a la intimidación de hombres y mujeres por los gobiernos o algunos grupos de poder, con repercusiones amplias: dicta políticas públicas, lleva nuevos grupos al poder y deja fuera a otros, crea leyes y las deroga. Considerando el miedo político como la base de nuestra vida pública, nos rehusamos a ver las injusticias y las controversias profundas. Nos cegamos ante los conflictos del mundo real que hacen del miedo un instrumento de dominio político, nos negamos las herramientas que mitigarían dichos conflictos y, en última instancia, aseguran que sigamos sometidos por el miedo, y por añadidura, justificamos y alentamos las mismas medidas que provocan nuestro miedo. (Vid Corey Robin. El miedo. Historia de una idea política, México, FCE, 2009). Ya lo mencionaba el estoico Epicteto (50-138 d. C) en su Manual: “Lo que turba a los hombres no son las cosas, sino las opiniones que de ellas se hacen”.


Ahora si bien portaditos y a hacer aquello que nos enseñaron desde el jardín de niños y que debimos hacer siempre como el muñeco Pimpón: lavar nuestra carita y manitas con agua y con jabón.


Norberto Zúñiga Mendoza

viernes, 27 de marzo de 2009

Hordas del Caos: Todos contra Todos



Para Mille Petrozza: Ultra Riot....!!!
WE'LL STILL KREAT
El tema de la violencia, se ha convertido en uno de los rasgos característicos (muy indeseables) de nuestro dizque nivel de civilización en los últimos tiempos. Ésta ha ido permeando en todos los estratos de nuestras sociedades y se ha vuelto, en cualquiera de sus formas (materiales y simbólicas), parte de nuestro mundo de la vida. Da la impresión que nos fuera ya imposible vivir sin esta idea. Se manifiesta de diversos modos: en guerras, secuestros, asaltos, la contaminación ambiental, las crisis económicas y la consiguiente y constante amenaza de la pérdida de nuestros modos de subsistencia, el bombardeo de la propaganda comercial y electoral, los enfrentamientos entre las tribus urbanas y un largo etcétera.




En un artículo publicado por el sociólogo alemán Hans Magnus Henzensbeger y que valdría la pena recordar ahora, hay señalamientos que son, no obstante el tiempo transcurrido desde su aparición, muy actuales. Escribía en “Todos somos la guerra civil” (Nexos, N° 189, septiembre, 1993), y bajo aquél clima de un neoliberalismo triunfante en la Guerra Fría: “En el principio fueron los ideales y la apuesta por la esperanza de un futuro con rostro humano…La historia, sin embargo ha despojado de todos sus afeites los sueños de un mundo mejor. En la nueva carta de la violencia que parece reciclar algunos de los peores impulsos del hombre, las ideas brillan por su ausencia bajo el resplandor helado del apetito por la destrucción…Ahora en lugar de la Guerra Fría, un nuevo orden internacional nace bajo el signo de la guerra civil a finales del siglo XX […] En la actualidad hay en el mundo treinta o cuarenta guerras civiles. Todo parece indicar que en el futuro, esas guerras no disminuirán sino aumentarán en su cantidad” […] “Me temo –anota el autor más adelante- que, más allá de todas las diferencias, existe un denominador común. Por un lado el carácter autista de todos sus protagonistas; por el otro, su incapacidad para distinguir entre destrucción y autodestrucción. En las guerras civiles actuales ha desaparecido casi toda legitimidad. La violencia se ha liberado de cualquier fundamentación ideológica…el odio es suficiente…De este modo cualquier vagón del metro puede convertirse en un Bosnia en miniatura, ya no son necesarios los judíos para un pogrom (la persecución de los judíos en la Rusia Zarista) ni los contrarrevolucionarios para una purga. Ahora basta y sobra si a uno le gusta otro equipo de futbol, si una tienda de legumbres es mejor que la del vecino, si uno se viste de otro modo, habla otro idioma, lleva un turbante en la cabeza o necesita una silla de ruedas. Cualquier diferencia se convierte en un riesgo mortal.” Como vemos, y según lo que comentábamos al inicio, esto que hoy vemos como brotes de violencia (cualquiera que sean sus móviles), se traduce abiertamente, al final de cuentas, en enfrentamientos entre los ciudadanos, entre nosotros; son, aunque nos cueste aceptarlo, verdaderas guerras civiles, enfrentamientos de todos contra todos.


Por cierto y para aquellos que simpatizan con la idea de que el ejército salga a la calle. En días pasados, en la ciudad de Querétaro, al menos 70 elementos del ejército irrumpieron en un restaurante algo elegante bajo la consigna de encontrar en dicho lugar a un líder “Zeta” (Excélsior 5 de marzo de 2009). Los comensales y la encantadora ciudadanía queretana han levantado la voz reclamando justicia ante la violación de sus derechos y privacidad. El principal argumento es que el ejército fue incapaz de distinguir a la gente “buena” de la gente “mala”. Quiero atraer aquí, a propósito del caso, una anécdota medieval a manera de recordatorio: En 1209, el papa Inocencio III proclamó una cruzada contra los heréticos cátaros de Languedoc, en la actual Francia. Los ataques no tardaron en convertirse en una especie de guerra civil entre los que se alineaban a favor o en contra de la causa papal y culminó en una serie de infames masacres, de las cuales la más cruel tuvo lugar en Béziers, donde el legado pontificio ordenó a las fuerzas al mando del mercenario Simón de Montfort, sitiar la ciudad y acabar con los herejes. En la refriega del combate, sus hombres le dijeron a Simón que era difícil distinguir a los cátaros de los cristianos. Entonces ordenó canónicamente: “Matadles a todos, que Dios ya sabrá cuáles son los suyos”.




Que nos sirva de lección y es preciso aprender sobre el verdadero papel de la violencia en la historia de la humanidad y de la insensatez de la guerra, ese “tragiquísimo accidente de la incomprensión de los hombres” (G. Levi, 2005) y sus consecuencias; y no promover o apoyar discursos que en lugar de contrarrestarla, solamente son su apología y nos convierten en verdaderas hordas del caos.




Norberto Zúñiga Mendoza

jueves, 26 de febrero de 2009

Sobre el uso maniqueo del término cambio ¿Ya nadie lo para?

MUCHO HEMOS escuchado en los últimos tiempos y bastante se ha escrito y hablado acerca del supuesto cambio acelerado de nuestras sociedades. Bástenos con echar una mirada a los periódicos, a los documentos oficiales de los gobiernos o atender al discurso diario de los gobernantes, de los representantes de los partidos políticos o de las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, por mencionar sólo algunos, para dar cuenta de ello. Recordemos, por ejemplo, la tan afamada frase del expresidente mexicano, Vicente Fox, cuando anunciaba (¿o amenazaba?) que “el cambio en México ya nadie lo para”.
Por añadidura, su gobierno era conocido como del cambio. Palabras como esa, son utilizadas sin aclaración alguna sobre su significado y sentido; se dan por sentadas, tácitamente comprendidas y asimiladas, incluso, asumidas en nuestra vida cotidiana. Otras palabras o términos que engrosan este inventario son: democracia, izquierda, derecha, justicia, libertad, Estado de derecho, tolerancia, equidad, valores, combate a la corrupción y a la pobreza, calidad, pueblo, cambio de régimen, globalización, derechos humanos; y así podríamos añadir aquí una buena cantidad de estos motes.
Nos alertan que nuestra sociedad cambia vertiginosa, aceleradamente, y que todos los ciudadanos del mundo debemos estar preparados para estos trotes. El que no esté aguzado y dispuesto a aceptar, soportar, tolerar o someterse a este cambio, entonces, debe entenderse, quedará al margen del progreso y de los avances o de los beneficios que éste ofrece, o, en el extremo, es un agente que lo obstaculiza. Pero, ¿cómo y qué debemos entender de este discurso oficial del cambio, cuando se nos dice, se nos machaca, que estamos cambiando y en los hechos vemos y vivimos lo mismo? Tenemos que hay un uso dual, ambivalente de los términos. Se nos advierte una cosa y en la realidad ocurre lo mismo, las mismas prácticas en nuestro quehacer cotidiano: en lo político, lo económico, lo jurídico, lo educativo; y hasta se antoja decir que cada día estamos cayendo en el desánimo y la apatía, precisamente ante esa falta de cumplimiento de promesas del tan mentado cambio. Vivimos, pareciera, en un estado o procesos de regresión social, muy contrarios a lo esperado, a partir de ese modo tácito de entender el cambio. Sólo hay una utilización maniquea de los términos.
El maniqueísmo, derivado de la religión esencialmente dualista, fundada por un persa aristócrata llamado Mani o Manes, nacido en Babilonia (216-275 d.C.) y que llegó a rivalizar con la patrística cristiana, se entiende actualmente en contextos polémicos, y en materias sobre todo humanistas, como la tendencia a dividir, de forma simplista y sin fundamento, opiniones, actitudes y personas en buenas y malas, sin atenerse a la prudencia de tener en cuenta los matices que la realidad exige. De esa forma, el discurso sobre el cambio es utilizado para justificar las deficiencias y los vacíos que deja el mal funcionamiento de las instituciones (reales o imaginarias) de la sociedad.
Con ese pretexto del cambio, el neoliberalismo actual justifica diferentes barbaridades: desde lo sucedido a raíz de las Torres Gemelas en Nueva York hasta la invasión a Irak y la lucha antiterrorista de Bush con su nuevo macartismo planetario (los que no estén con él, son terroristas); ahora nos arremeten con el alza de precios de los productos básicos, que seguramente es un ardid perverso de los grandes productores mundiales para establecer alguna política arancelaria de importación o exportación. También, del mismo modo se utiliza el tan llamado calentamiento global y la supuesta imposición de la conciencia ecológica, cuando los verdaderos responsables, dueños de las grandes industrias sólo se preocupan por sus ganancias.
Millones de dólares se gastan en recursos financieros para el combate a los monstruos del hambre, la corrupción, la delincuencia organizada, el desempleo; mientras que la inversión en los recursos humanos, en su educación, en su instrucción, en su cultivo, con lo que verdaderamente se podría revertir a esos monstruos, es miserablemente ínfima. Hegel escribía que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Marx agregaba: una vez como tragedia y la otra como farsa. Caben las interrogantes: ¿No estaremos ante algo parecido, con esto del cambio? ¿O, como en El gatopardo: “Algo debe cambiar, para que todo siga igual”? Esperemos que no, por el bien de toda la humanidad.
Norberto Zúñiga Mendoza

martes, 3 de febrero de 2009

LO QUE NOS QUEDA

En ésas pláticas sostenidas por un servidor con mi compañero de trabajo en la DGEST, el ínclito profesor Margarito Felipe (en la foto con su bolsa de herramientas metodológicas, junto a un servidor), en donde deliberamos acerca de cómo arreglar este mundo, en más de una ocasión nos hemos referido al problema del acto ético y sus implicaciones actuales.

Lo anterior está relacionado con la condición de crisis permanente en que hemos vivido, por lo menos, los últimos 25 años en la economía internacional y por supuesto, con sus repercusiones a la mexicana: Constantes devaluaciones monetarias, alzas de precios, rescates financieros, caídas del empleo, pérdidas del poder adquisitivo, rescates a proyectos fallidos estatales y particulares, pactos de solidaridad, alianzas y reformas de cualquier índole, entre otros.

Tal condición nos ha sumido socialmente y –psicológicamente– en un persistente escenario de incertidumbre en todos los ámbitos de nuestras vidas. El no tener seguridad plena sobre lo que ocurrirá mañana y como podrá ser enfrentado y cómo subsistirlo provoca un especial interés sobre el obtener el mayor provecho potencial de cualquier situación en el presente; el tener, el poseer ahora la mayor cantidad de bienes materiales posibles sin importar el cómo, el medio o por la vía más fácil, pronta, instantánea, mediante el engaño, el timo, la mentira, se ha vuelto un lugar y caso comunes en nuestras sociedades contemporáneas.

Esto se da no sólo a través de lo que jurídicamente entendemos como enriquecimiento ilícito: el robo, el asalto, el fraude, la estafa, etcétera. También ocurre, desde mi perspectiva, por vías supuestamente legales. Por ejemplo, cuando se acude a algún profesional, sea médico, arquitecto, dentista, abogado, contador (espero no herir susceptibilidades); donde no somos vistos por éstos como pacientes o consultantes, que acudimos a ellos debido a la honorabilidad de su conocimiento —por eso les retribuimos con honorarios, ya que desde la Edad Media, al igual que el sacerdocio, son actividades consideradas honorables. Se profesa honradez, virtud, honestidad, al igual que la fe, sobre Dios y lo humano, y de ahí lo de profesión y lo de profesional— y por ello, debemos resueltamente creer en ellos. Por desgracia esta creencia es constantemente defraudada. Y aquí asumo la responsabilidad que nos toque al gremio de historiadores por seguir promoviendo mentiras disfrazadas de verdades. La puntitis académica es como aquella ave rebelde imposible de domesticar de la ópera Carmen. Es posible que por amor, se sea capaz de cualquier cosa.

Pero, por desgracia, también ocurre lo mismo con el mecánico, el zapatero, el plomero, el del gas, el carpintero, con ciertos servidores públicos, por mencionar algunos, con el debido respeto que merecen y salvo honrosas excepciones, que supongo deben existir. De pronto da la impresión de que nos han vuelto una sociedad de miserables, en donde nadie puede realizar un acto mínimo sin recibir necesariamente algo a cambio: “para el chesco” o “cualquier moneda que no afecte su bolsillo”. Quién de nosotros acude con plena confianza a alguno de ellos, sea profesional, oficiante o burócrata.

Ante esto, lo que nos queda, es que al menos los profesionales de la educación seamos más conscientes del acto ético que implica nuestra actividad: la búsqueda de la verdad y la promoción de los valores universales que mejoren, perfeccionen y estimulen el entendimiento y el espíritu humanos y no intentemos burlar, engañar y defraudar a la sociedad con la honorabilidad que implica el conocimiento.

Norberto Zúñiga Mendoza